Día 44. Continuará

Salgo con J2 a la calle. Estoy más emocionada que ella. Una vez que se hace con su caja de tizas de colores solo quiere volver a casa para pintarse de arriba a abajo con ellas. No es una suposición: es lo que realmente ha hecho.

Leo que el sábado ya podré salir a hacer deporte. Inspecciono con ojo crítico mis nuevas lorzas. Decido que, si me cabe, me pondré una camiseta de la maratón para que no me pare la guardia civil al grito de, señora, usted no ha hecho deporte en su vida.

Recibo un correo del trabajo con los plazos de la desescalada. Había olvidado esos emails burocráticos interminables, con sus palabras clave en negrita para los que no tenemos un título de la facultad de derecho. Es entrañable.

Cada día aplaude menos gente y hay más saludos. La ratio es dos minutos de aplausos y tres de preguntar qué tal ha ido el día. Hasta el de la cacerola se ha cansado ya, tres días y ha destrozado todo el menaje. Me gustaría organizar una cena comunal cuando todo esto acabe. Con una mesa larga y con cada vecino bajando su especialidad culinaria. Yo compraría saladitos. Después pienso que menudo follón, y se me pasa.

Me descubro pensando en el sitio más lejano al que poder viajar estas vacaciones sin saltarme las normas del confinamiento. Mañana lo busco sin falta en Google Maps. No sé si habrá algo digno de ver, pero quiero pararme dondequiera que sea y gritar, chúpate esa, kilómetro de distancia.

Miro la fecha. Cuarenta y cuatro días. Hemos superado la cuarentena, aunque ya no me parece que vivo en una. Al final, el confinamiento se irá diluyendo poco a poco, hasta que no sepamos si hemos vuelto a la normalidad o seguimos en él. Yo, mientras tanto, seguiré comiendo conguitos mientras miro por el balcón, tratando de descubrir quién es el espía. Si algún día lo descubro, os lo cuento.

#cuarentena #covid-19

Autor: Isabel

Soy Isabel. A veces escribo. Hoy es una de esas veces.

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